Como chileno era imposible volverse indiferente a lo que estaba ocurriendo al norte del país, en la ya mundialmente conocida "mina San José", gracias a Dios, todo esta horrible pesadilla llegó a su fin, los 33 atrapados a 700 metros de profundidad han sido rescatados días atrás, lo que ha sido un alivio difícil de expresar con palabras tanto para los 33, como para sus familias, y porque no decirlo, también para todos y cada uno de aquellos que seguíamos con verdadero interés el día a día de esa tan espantosa situación, en fin, hubo un feliz final. Pero a raíz de ello y como lo sucedido con el terremoto del 27 de Febrero que nos hizo replantear nuestras vidas, reflexionar sobre nuestra fragilidad, creo también que lo ocurrido en la mina San José debería dejarnos alguna enseñanza, que vas más allá de la responsabilidad del gobierno de hacer una exhaustiva revisión de las condiciones laborales de los trabajadores de las mineras, así como de otros rubros, (que lamentablemente aquí en Chile, se hacen después de sucedido ciertas tragedias, ¡cuestión de cultura!). Bueno, considerando todo esto, me ha dado vueltas la palabrita "sencillez". ¿Se ha dado cuenta lo complicado que somos?, no se si es por naturaleza, por costumbre, por ambiente, por educacion, no se que será, pero que embrollados somos, pareciera que no es tan difícil disfrutar de las cosas sencillas de la vida; una sonrisa, un abrazo afectuoso de un ser querido, un taza de café, una rebanada de pan, la luz de día, uffff, podría faltarme espacio para mencionar una y mil cosas que hacen de la vida, que nos ha dado Dios, una bendición, ¡pero NO!, tenemos que enredarnos en afanes y correrías, nos obligamos a vivir la vida de manera desconformes, es como si fuera parte del plan discrepar diariamente de nuestra vida, siempre estamos con el "si es que yo tuviera...., si es que yo hiciera..., si es que yo fuera a..., si es que yo alcanzara... , entonces yo, seria feliz...". Al considerar mi propia vida, es cuando pongo atención en lo de los 33, si revisa con atención, no eran grandes y mayúsculas cosas las que ellos requerían, sino cosas sencillas, de aquellas que pasamos por alto cada día; como por ejemplo, el afecto de los que amamos, la candidez de la luz del sol, una noche estrellada, un tan delicioso vaso de agua, un plato de comida, un buen sorbo de café, cosas que en escencia parecen ser tan simples que pasan quizás, inadvertidas muchas veces en el trajín diario, pero que en momentos tan cruciales como los vividos esos 70 dias bajo 700 metros de profundidad se hacían tan necesarios e importantes.... en fin, tal vez llego tarde con esta reflexión, pero me parece que a veces nos desgastamos, abrumadoramente por obtener, por alcanzar una infinidad de cosas, que si viene cierto son necesarias, pero que nos hacen perder de vista las cosas bellas y sencillas de la vida... El buen Dios nos guarde y nos permita no tener que experimentar situaciónes limites para recién darnos cuenta de lo bella, maravillosa y sencilla que es la vida que El nos regalo....Un abrazo a todos...
Charly
En mi vacaciones por la selva amazónica este año, pasé por una situación mas salvaje que el terremoto-tsunami mismo que me tocó vivir semanas mas tardes, y entre esas cosas comprendí, que debía hacer y disfrutar, todo aquello que había dejado pendiente. Después de una tragedia la vida ya no sigue siendo lo mismo, es como un largo viaje.
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